Librería Cervantes

Fotografías: Mauricio Lizama Mac-Pherson

La calle 10 de julio es un barrio comercial que hoy se caracteriza por agrupar locales de repuestos de vehículos y cafés con piernas. Circula mucho chorizo, vendedores con overol y colombianas voluptuosas. Pero hubo una época en que este sector acogió a almacenes, carnicerías y tiendas de géneros, negocios que abastecían a la residencial zona de Avenida Matta, hoy también, muy colonizada por talleres y fábricas. Un local comercial que fue testigo de todo eso es la Librería Cervantes, un negocio familiar que hoy permanece imperturbable en 10 de Julio casi al llegar a Portugal.

Se trata de un local que por 105 años ha sido librería, aunque ha estado en 3 manos diferentes. Hoy, y desde hace más de 60 años, es propiedad de la señora María Luisa Elordi, una española de 90 años con una memoria y energía envidiables, que cada día sin falta va a su librería bien arreglada y maquillada, aunque de la atención del público se encargan sus hijos Pepe y Arturo.

La señora María Luisa viajó desde Viscaya a Chile de vacaciones junto a su madre en 1939, a visitar a unos tíos en Valparaíso. Venía por 15 días, pero terminó quedándose para siempre. A los 10 días de estar en Chile estalló la segunda guerra mundial y se suspendieron todos los viajes en barco a Europa. María Luisa, en ese tiempo de 14 años, tuvo que comenzar a ir al colegio y a acostumbrarse por un tiempo a un nuevo país. Pero la idea de regresar se esfumó cuando meses después su madre murió, y María Luisa decidió instalarse en Santiago.

En la capital conoció a su marido, José Fuentes, un chileno hijo de españoles que trabajaba en una librería. Como vivían en el barrio supieron que se vendía la librería Cervantes y compraron el derecho de llaves. Años más tarde hicieron un enorme esfuerzo -vendieron “hasta el gato de la casa”, según la señora María Luisa- y compraron la propiedad de 10 de julio.

Allí en la librería nacieron y se criaron los tres hijos que tuvo la señora María Luisa. Una de sus hijas falleció, pero la hija de ella, Maite, es quien hoy está a cargo de la caja. Sus otros hijos, Arturo y Pepe (José Eloy), son como unos mellizos parecidos a los policías de Tin Tín, que uniformados con sus bigotes y cotonas azules, atienden a los clientes, ordenan la mercadería, suben escaleras y van a la bodega cien veces al día.

Es un negocio familiar donde se nota la preocupación por la atención y por cada detalle: todos los artículos que venden se encuentran exhibidos en perfecto orden, y cada cierto tiempo hacen arreglos y remodelaciones para que todo se vea impecable: han cambiado mostradores, luminarias, estanterías, pisos…

Gracias a ese cuidado, hoy tienen una clientela fiel a quienes en marzo preparan listas escolares a pedido. No obstante, los artículos de oficina siempre han sido el fuerte, ya que los talleres y oficinas del sector les compran porque saben que de lunes a sábado están siempre abiertos y con la mejor disposición para vender.

La señora María Luisa Elordi ama su librería, pero entiende que es un negocio demandante y exigente en el que ella ya no puede hacer mucho. Aunque como tiene claro que ella ya lo ha dado todo, la continuidad de la librería Cervantes está en manos de su clan familiar, que como es tan unido, confía en ellose seguirán esforzándose para que perdure en el tiempo.

 

 

Nombre local

10 de Julio 271, Santiago.

Dirección

María Luisa Elordi Achurra

Dueño

Santiago Centro