Gran Tienda El Sol

Fotografías: María José Guallar K.

Durante el desarrollo de este proyecto, algunas de las tiendas que se catastraron ya no existen. Como un homenaje a sus dueños, exponemos aquí la crónica completa que se elaboró el año 2010.  La Tienda el Sol cerró sus puertas el 30 de septiembre de 2017, con un emotivo homenaje de parte de la Municipalidad de San Bernardo y la comunidad. En ese local hoy hay una sucursal de Farmcias Knop.

 

En su época dorada de fines del siglo XIX y comienzos del XX, San Bernardo era un tranquilo pueblecito semi rural donde veraneaba la aristocracia santiaguina y la elite intelectual. Los vestigios de esos tiempos remotos, prácticamente se evidencian sólo en los nombres que llevan las calles y en la arquitectura de las casa que tras los terremotos, siguen en pie.

En los últimos 30 años, el paisaje urbanístico de San Bernardo se ha transformado debido principalmente al crecimiento explosivo de su población, y la llegada de grandes empresas que han instalado sus grandes tiendas, restoranes de comida rápida, cadenas de farmacias, bancos, etc. Pese a todo, aún es posible percibir algo de su aire limpio y el ritmo lento de antaño.

Aunque el advenimiento de ese comercio de gran escala ha significado el cierre de gran parte del comercio antiguo o más pequeño, todavía es posible ver en el centro de San Bernardo, tiendas que pertenecen al grupo del comercio tradicional que ha estado atendiendo al público  durante décadas.

Una de ellas es la Gran Tienda El Sol, ubicada en pleno Eyzaguirre, la calle principal del comercio sanbernardino.

El Sol fue inaugurado por Don Juan Manuel Guallar en 1956, cuando la comuna era todavía un pueblo con calles en su mayoría de tierra, por donde circulaban carretas tiradas por caballos.

Hoy, el dueño del negocio, y quien está a cargo por completo desde hace casi 40 años, es Manuel Guallar Ramírez, el hijo de Don Juan Manuel.

“Manolo” Guallar, como lo conocen todos, relata que su padre llegó de España, desde el pueblo aragonés de Alcorisa, en 1927, y se instaló en San Bernardo porque su primo, José Nuez, se había venido años antes y le había ofrecido echarle una mano. Cuando llegó de España, Juan Manuel Guallar trabajó como empleado en la tienda que había puesto su primo, La Gran Vía, que vendía todo tipo de ropa de hombre y mujer. Tal como muchos inmigrantes que dejaron sus países de origen, él venía decidido a buscar mejores oportunidades económicas, así que ahorraba cada peso que ganaba. Incluso, durante mucho tiempo, consiguió que por las noches lo dejaran dormir en la misma tienda donde trabajaba.

En 1935 su situación había mejorado, así que arrendó un local por su cuenta e instaló el Bazar La Riojana, que mantuvo por unos 10 años y que luego vendió a la familia Manzur, quienes eran sus arrendatarios. El motivo de la venta fue que su primo José le ofreció asociarse con él a su  establecimiento comercial. Ahí estuvo varios años, trabajando, trabajando mucho para producir. Hoy día Don Manuel recuerda que antes en el comercio se trabajaba mucho más, unas 11 horas al día. Se abría más temprano y se cerraba más tarde que hoy, así que a su papá prácticamente no lo veía, a menos que él mismo fuera al negocio, a verlo o a ayudarle un poco.

Finalmente, en 1956, Don Juan Manuel Guallar pudo comprar una propiedad en la calle Eyzaguirre, y junto a su hijo Manuel, inauguraron la Gran Tienda El Sol, que hoy, después de 54 años, sigue abierta casi tal como en sus orígenes.

La oferta de la tienda eran artículos de vestir para hombre, de todo tipo, excepto sastrería. Partieron con pocas cosas, pero como en ese tiempo había muy pocos negocios, rápidamente les empezó a ir bien y comenzaron a renovar mercadería, a tener una oferta más grande y a hacerse más conocidos entre la gente del pueblo y los que llegaban a comprar desde los sectores más rurales, como Calera de Tango y Nos.

Don Manuel tenía 20 años cuando inauguraron El Sol y comenzó su oficio de comerciante. Su padre nunca lo había estimulado para que siguiera sus pasos, ya que quería que estudiara y fuera a la universidad. “En realidad lo hice, entré a la Universidad de Chile a estudiar Construcción Civil, pero al poco tiempo me retiré para trabajar en el negocio familiar. Me gustaba la carrera, pero en ese tiempo ser comerciante era una buena alternativa, muy rentable, así que opté por eso. Además muchos de mis amigos también eran hijos de inmigrantes que tenían negocio, que trabajaban en ellos y yo los veía como andaban con plata en el bolsillo sin necesidad de estudiar tanto. Así que como o también tenía mis propias ideas que aportar al negocio, me metí desde cero, y así se fueron dando las cosas”, evoca el señor Guallar.

En los primeros años, todas las ganancias se fueron invirtiendo dentro del negocio, porque Don Juan Manuel Guallar había comprado el sitio, pero la construcción de toda la edificación y las terminaciones se fueron haciendo de a poco. Y desde ese 1956 El Sol está en el mismo lugar, todo tal cual, con los 70 metros cuadrados que tiene el local y nada más; no se han ampliado, ni modificado la ubicación del mostrador, las vitrinas, nada.

Don Manolo trabajó junto a su padre hasta mediados de los años 70. Los años comenzaron a pesarle y después de tantos años se merecía descansar; porque don Juan Manuel trabajó desde niño, en el campo mientras estuvo en España y en comercio desde el primer minuto en que pisó Chile.

El señor Guallar hijo quedó a cargo junto a dos empleados y continuó todo como siempre. Nunca pensó en cambiar de rubro ni incorporar grandes cambios, ya que nunca ha sido hombre de riesgos. De hecho, hasta el día de hoy vende sólo con efectivo y le acepta cheques únicamente a los clientes más conocidos. ¿Tarjetas?, ni hablar. La máxima innovación que hizo fue integrar productos de deportes y pequeños artículos de regalo a la oferta de El Sol.

Gracias a este negocio, surgieron las familia de don Juan Manuel y posteriormente, la de Don Manuel, logrando una vida de clase media, pero tranquila.

Eso si, cada año la venta es más baja, pero logran mantener una cierta estabilidad, según Don Manuel, porque él ha sido bastante metódico para los gastos, y siempre se ha cuidado una buena atención y precios convenientes. Es un convencido de que “al público le gusta mucho la atención personalizada, que uno le explique las características de lo que quiere comprar, que le de alternativas, que le digan si le conviene una u otra cosa”, explica Guallar. Y sigue: “ahora en las grandes tiendas la atención es muy fría. Y mucha gente que nos viene a comprar dice que es todo lo contrario a como lo hacemos nosotros y me piden que no vaya a cerrar, porque el negocio ha marcado una época dentro de San Bernardo”.

Al cabo de tantos años y pese a todos los vaivenes que le ha significado al comercio pequeño la modernidad y la llegada de las grandes tiendas, piensa que están relativamente en buen pie, porque aún no han sucumbido ante la competencia. Por eso Don Manuel está abocado a seguir hasta que se pueda, porque además, ir cada día al negocio es parte de su rutina y lo entretiene, le regula el estado de ánimo, y si no va, siente que algo le falta. Y tal como están las cosas cree que hay que estar ahí con mayor razón, para solucionar problemas, para ver qué se puede mejorar, qué nuevo producto se puede traer, para hacerle un descuento a los clientes conocidos que lo pidan, etc.

Don Juan Manuel murió en el año 2000, pocos meses antes de cumplir 96 años. Y hasta poco antes, mientras la salud lo acompañó, iba a darse sus vueltas al negocio, aunque fuera con dificultad; se entretenía, le gustaba mirar, opinar, pedir que ordenaran alguna camisa de una repisa…, es que aunque El Sol ya no estaba en sus manos, sabía que él lo había armado y se sentía orgulloso que fuera a continuar aunque él ya no estuviera, en un panorama muy distinto al que él conoció.

Han pasado muchos años desde que ya no está su padre, y durante ese tiempo, Don Manuel ha pensado en cerrar para siempre, pero también a veces ha reflexionado sobre qué habría sido de él sin El Sol. “A veces pienso cómo habría sido mi vida si hubiera estudiado, si hubiera trabajado en una profesión y no como comerciante, quizás qué habría logrado, quizás hoy estaría jubilado…. Pero como sea el destino de las personas es así, y no hay que arrepentirse. Tengo una vida cómoda, formé una familia, le di buena educación a mis tres hijos, que son todos profesionales. Quizás me dejé absorber demasiado por los quehaceres del comercio, pero la verdad es que no me frustra haberme dedicado toda la vida a esto”.

No hay duda de que si un día Don Manuel Guallar realmente se decide a tirar la esponja, terminar con El Sol y arrendar el local, ganará mucha más plata que hoy. Pero en realidad no es lo que desea. Porque sin trabajar -piensa-, seguramente se aburrirá o se deprimirá, porque de alguna manera ir cada día al negocio y tener contacto con la gente, alimenta sus ganas de vivir. Así que mientras pueda, la salud lo acompañe y el negocio no le genere pérdidas, seguirá  allí. Por él mismo.

“Somos un negocio típico en el centro de San Bernardo, donde es el dueño quien está detras del mostrador todos los días, desde siempre. Muchos me dice que me jubile, que arriende el local, pero en el fondo no quiero, porque el negocio como sea, le da cuerda a mi vida. No es fácil ser comerciante, pero hay que tener el ingenio para salir adelante. Yo tengo un cartel puesto a la vista desde hace años que dice, “si a usted le pareció que estuvo mal atendido, coménteselo al dueño. Si le pareció que lo atendieron bien, coménteselo a otras personas”. Así empieza a funcionar el boca en boca para que la gente venga a comprar donde uno….y creo que eso nos ha funcionado más o menos bien a lo largo de casi 60 años”.

 


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Boliche

Gran Tienda El Sol

Nombre local

Se ubicaba en: Eyzaguirre 624, San Bernardo

Dirección

Manuel Guallar

Dueño

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