Ferretería Las Lilas

Fotografías: María José Guallar K.

Durante el desarrollo de este proyecto, algunas de las tiendas que se catastraron ya no existen. Como un homenaje a sus dueños, exponemos aquí la crónica completa que se elaboró el año 2008.  La Ferretería Las Lilas cerró sus puertas en 2011. En ese local hoy hay una sucursal de OkMarket.

 

La ferretería Las Lilas fue una apuesta que comenzó don Patricio Gutiérrez en 1960, hace 50 años, cuando sólo tenía 25. En esa época ya contaba con bastante experiencia en el rubro, porque recién salido del colegio, había entrado a trabajar en una ferretería.
Comenzó solo, pero pronto se le sumó su hermano. Juntos compraron el local de Eliodoro Yáñez cercano a la plaza Las Lilas, y abrieron la ferretería. En ese momento los hermanos Gutiérrez tenían otra ferretería en Irarrázaval, a la que le comenzó a ir mal poco tiempo después de abrir la de Providencia, así que se quedaron sólo con Las Lilas, que era un buen negocio.
Al principio el lugar donde emplazaron la ferretería Las Lilas era un sitio vacío, pero los hermanos Gutiérrez previeron que tenía mucho potencial y lo compraron usando todos sus ahorros. Pero no les quedó plata para construir. Así que hablaron con un arquitecto amigo y le propusieron asociarse de la siguiente manera: ellos ponían el sitio para edificar y él como arquitecto conseguía el financiamiento para construir un edificio. Todo sería de él, a excepción del 1° piso y el subterráneo, que sería de los Gutiérrez.
Así lo hicieron y pudieron comenzar con la ferretería. Don Patricio hoy recuerda con mucha gracia y nostalgia que cuando recién abrieron apenas tenían mercadería, tenían casi una cosa de cada producto y en los estantes ponían cajas vacías para que no se viera todo tan desocupado. No tenían teléfono (había que inscribirse y con mucha suerte lo entregaban en 6 años), así que don Patricio tenía que ir a hablar al Servicentro que estaba al frente y que funcionaba con fichas. Se compraba una bolsa de 50 fichas y se ponía a hablar con proveedores toda la mañana para hacer pedidos o reponer lo que se ya se había vendido.
Poco a poco la Ferretería Las Lilas se transformó en un muy buen negocio. Hasta que aparecieron los supermercados y las grandes tiendas. A fines de los años ’60 surgieron los supermercados y les quitaron toda la línea de menaje, útiles de aseo, lo que llevó a disminuir la venta en esa área. Pero en general la cosa marchaba bien. El golpe de gracia vino cuando aparecieron los Homecenter, y en la medida en que se empezaron a expandir, en Las Lilas fueron dejando de vender muchas cosas o bajando el volumen de la venta general.
La baja de las ventas en un momento se estabilizó, pero si el local no hubiera sido propio y hubieran tenido que pagar arriendo, habrían tenido que bajar la cortina e irse para la casa. La situación se puso difícil, pero pudieron sortear las dificultades. Así y todo, don Patricio Gutiérrez temía que el negocio no iba a tener mucho futuro, por eso nunca incentivó a sus hijos -dos mujeres y un hombre- para que fueran a trabajar con él a la ferretería.
“Actualmente nosotros tenemos un gran surtido de mercadería, siempre estamos incorporando cosas nuevas, y los precios son competitivos, atendemos bien, uno asesora, le explica de qué se tratan las cosas a los clientes y ellos eligen qué comprar. Pero la gente tiene una idea falsa de la oferta y los precios que tienen los negocios “más chicos”. Juran que en los negocios enormes todo es más barato y no es así. Y como la publicidad lava los cerebros, la gente dice: si preferimos ir a la ferretería del barrio es que somos tontos, nos van a estafar, no vamos a encontrar nada, los precios van a ser una locura, no, no, mejor vamos al Homecenter o al Easy, allá HAY que ir. Ése es el concepto mental que va creando el marketing. Y que para nosotros es incontrarrestable. Por eso la ferretería de barrio sirve para comprar cosas chicas, el tornillito, la gomita, la golillita… Pero cuando hay que comprar pintura para pintar la casa, ahí la gente se va a Homecenter o al Easy”. Así Don Patricio expone muy claramente la compleja lucha entre el comercio de pequeña escala y los grandes, que los aplastan.
Es cosa de mirar la oferta que tiene esta ferretería, y evidenciar que efectivamente tienen de todo, grifería muy moderna, por ejemplo. Sin duda hay un modo de funcionar que es a la antigua, pero que es muy valioso. Reconocen que no supieron incorporar la tecnología y que la máxima modernidad que alcanzaron, fue el fax.
Para don Patricio la computación es un misterio, afirma sin vacilar que no usa correo electrónico, que no sabe escanear ni usar internet. Y aunque hay un computador en la ferretería, únicamente es utilizado para escribir cartas en Word o hacer listas de precios y etiquetas en Excel. Ni pensar en tener decodifcadores de precios con códigos de barra. En vez de eso tienen una máquina registradora que es una reliquia -ya se la quisieran muchos anticuarios-, de la que la gente se ríe o se maravilla porque todavía funciona a la perfección.
La gente que compra en Las Lilas, es más o menos vecina, del sector de Providencia o de un poco más arriba de Colón. La Municipalidad les compra algunas cosas, algunos colegios de la comuna son clientes, tienen cuenta y eso ayuda mucho. El negocio sigue siendo productivo por estas cuentas que les ayudan a mantenerse.
Don Patricio a veces piensa que en los buenos tiempos deberían haber aprovechado para expandirse y haber puesto otra sucursal de la ferretería. Y se lamenta por no haber sabido crecer, adaptarse a la modernidad y aprovechar las tecnologías. Pero luego piensa que quizás haber crecido podría haber sido un riesgo peor, porque se dejan de controlar las cosas.
Es consciente de que podrían arrendar el local y quizás recibirían la misma plata -o más- de la que ganan estando todo el día trabajando. Pero con don Patricio tiene 75 años, su hermano, 80, así que ambos dicen “sigamos hasta que no podamos no más”. Después de tanto tiempo haciendo esta actividad creen que no sabrían que hacer sin trabajar, “quedaríamos desocupados después de tomar desayuno”, aunque desde luego tendrían espacio para los hobbies, los deportes. Lo positivo es que el negocio está saneado, sin deudas, todo en orden, y de todos modos ganan plata. Para vivir, pero no para ahorrar.
Aunque vender fuera una alternativa real, don Patricio cree que deshacerse de un negocio de las características de la ferretería Las Lilas sería muy complicado, porque nadie lo querría comprar tal cual. Y si bien muchos productos se pueden rematar, otras cosas habría que botarlas no más, lo que sería muy triste, porque son cosas que les costó toda una vida conseguir, como las instalaciones, los mesones, las estanterías. “Si uno liquidara la mercadería hay cosas que se venderían al tiro, la pintura blanca, las cañerías más usadas….pero a continuación habría un montón de cosas que a lo mejor habría que botarlas no más. Cerrar el negocio para nosotros sería un gasto enorme, pensando en que hay que finiquitar a los empleados y tenemos a uno que está con nosotros hace treintaitantos años, otro que está aquí como hace veinte…. Y bueno, también tenemos dos que son nuevos”, afirma don Patricio.
Hoy existen muchos negocios chicos que han cerrado para siempre porque les ha ido mal o porque ha venido una empresa constructora y les ha ofrecido mucha plata por comprarles la propiedad. A estas alturas a los hermanos Gutiérrez les gustaría que ocurriera algo así, pero como el local está en un edificio, no es fácil.
Con las nuevas construcciones y el aumento en la población de la comuna, don Patricio asegura de primera fuente lo mucho que ha cambiado el barrio. Cuando instalaron la ferretería con su hermano, el sector era “la última chupá del mate”. Había puras casas, muchas enormes, de gente muy distinguida, de mucha plata. Eliodoro Yáñez tenía doble tránsito, dos vías menos y los autos andaban a una velocidad normal. La vereda entonces era mucho más ancha, así que si la gente se paraba afuera, no entorpecía la pasada.
El estilo de relacionarse con la gente era mucho más cercano. Cuenta don Patricio que “uno conocía a las familias, las señoras, los maridos, los hijos, sabía lo que les pasaba, ellos nos preguntaban sobre nuestras cosas, nos encontrábamos en lugares de por aquí y nos saludábamos…. Mi señora me decía que parecía el alcalde del pueblo, porque todos me conocían y me saludaban. Me gustaba más el barrio de antes…. Pero hace muchos años todo empezó a cambiar y empezaron a botar y a botar casas maravillosas, y a construir y a construir edificios monstruosos. Yo no vivo por aquí, pero encuentro que sigue siendo un barrio muy agradable y muy tranquilo. Menos mal que la Plaza Las Lilas pese a todo se mantuvo incólume; el cine lamentablemente lo botaron y eso que era algo emblemático, como la iglesia….Van quedando poco de esos símbolos. Y esa relación cálida entre las personas se va perdiendo mientras más se derrumban cosas”.
Son recuerdos que suenan como de otra época, pero en realidad no son muy distantes en años. Si pareciera que lo fuera mucho más al comparar por ejemplo, la forma en que hoy nos relacionamos con el consumo. Cuando había menos comercio o al menos no el mega comercio, las compras eran más medidas y los gastos eran más prudentes.
Don Patricio dice que al mirar hacia atrás, siente una bonita satisfacción. Porque pese a los sacrificios, y lo heroico que fueron los primeros tiempos, con su trabajo fue capaz de sacar adelante a su familia y a sus hijos. Hoy con su hermano hace lo que puede. Siempre están los dos atendiendo el mostrador o la caja, pero hoy se turnan las aperturas y los cierres, y también los días sábado. Así se dan mínimas libertades después de tantos años de trabajo.
Agradece que toda esta etapa complicada les haya tocado viejos, habiendo cumplido con la familia, con hijos independientes. “Ahora ya estoy entrando al ocaso de la vida y no me arrepiento de nada, hice lo mejor posible, porque formé todo mi negocio de cero, y yo he hecho de todo aquí, he sido gerente de ventas, el que atiende el mostrador, el que pasa el plumero y hace los cheques. Y así sentencia don Patricio, “Yo creo que los supermercados y grandes tiendas se irán comiendo a todo el comercio chico tradicional, porque es imposible competir con ellos. Los que lograrán sobrevivir serán esos negocitos que son atendidos por una señora y su marido, que con lo que vendan pueden vivir más o menos bien, subsistir. Pero pensar en competir, o en crecer o ambicionar un poquitito más, eso hoy ya no es posible. Ser comerciante hoy día ya no es lo que era hace un par de décadas atrás ni volverá a serlo, lamentablemente, creo yo ”.


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Boliche

Ferretería Las Lilas

Nombre local

Eliodoro Yáñez 2881, hoy es un OK Market

Dirección

Patricio Gutiérrez

Dueño

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