Farmacia Babel

Fotografías: María José Guallar K.

Durante el desarrollo de este proyecto, algunas de las tiendas que se catastraron ya no existen. Como un homenaje a sus dueños, exponemos aquí la crónica completa que se elaboró el año 2009.  La Farmacia Babel cerró sus puertas en 2014. Hoy, en ese local, existe otra farmacia.

 

Don Hugo Berríos es un sujeto muy particular. Tiene 80 años, pero representa por lo bajo, 15 menos; es un conversador inagotable, de elegante y modulado hablar, con cientos de anécdotas para contar, y un piropeador incansable. Además, es el dueño de Babel, una farmacia de inconfundible estilo -como el de las antiguas boticas-, ubicada en un eje clave de Ñuñoa, en la intersección de Simón Bolívar y Brown Norte.

Sin detenerse a pensar siquiera, dice que esta farmacia fue inaugurada por su madre en septiembre de 1946, y que sin haberlo planeado, él está a la cabeza exactamente desde el 22 de julio de 1959.

Don Hugo nació y prácticamente se crió en la botica donde trabajaba su madre, la Andacollo -que estaba en Mapocho esquina Cumming-; así que es probable que desde ese momento se haya marcado un destino que indicaba que él también habría de dedicar su vida a trabajar tras un mostrador para vender los medicamentos y artículos necesarios para ayudar a la salud de las personas.

Siendo hijo único, sin hermanos ni padre, tuvo una relación muy cercana con su madre. Ella habría sido quien le enseñó el concepto social del barrio, de querer al barrio. Su madre estudió química y farmacia en los años veinte, y ella le contaba que los profesores les inculcaban a sus alumnos que las farmacias debían entregar la medicina de emergencia (“de shock”) en los barrios, donde no habían doctores cerca.

Cuando niño, Hugo y su madre vivían en la población Bulnes, donde a veces ocurrían altercados entre la gente; y él recuerda claramente a su madre corriendo con su estuche de atención médica, para ir a atender heridos por peleas o yendo a poner inyecciones a los enfermos.

Esa concepción del farmacéutico como auxiliador de los enfermos del barrio -aunque respetando el terreno médico-, lo aplicó la madre de Don Hugo en la farmacia donde trabajó durante varios años, y posteriormente en su propia farmacia Babel, cuando se abrió en 1946, en el mismo lugar donde se encuentra hoy.

De ahí que Don Hugo tenga la idea de que ciertos lugares son clave dentro del barrio, como la plaza, los pequeños negocios, la farmacia. Asegura tener un profundo cariño por el barrio ñuñoíno en el que está emplazada la farmacia, pese a no vivir allí (vive en La Reina). Y está seguro que por la cantidad de décadas que la farmacia Babel lleva presente en el barrio, la gente también la quiere muchísimo. Así al menos se lo han manifestado infinidad de clientes.

En su, juventud, Don Hugo no tenía ningún interés en estudiar para farmacéutico ni trabajar en Babel. Así que terminado el colegio, se despidió de su querida madre y partió a dárselas de aventurero trotamundos. Vivió unos años en Argentina, luego en Panamá, trabajó en un barco, y finalmente se quedó a vivir en Estados Unidos, donde se asentó, estudió agronomía, se casó en 1955 y tuvo hijos.

Allá vivió en un par de pueblos de Chicago, y todo ese período lo marcó profundamente. Hoy recuerda esos años y las anécdotas vividas con mucha pasión. Una de las cosas que más le llamaron la atención de la vida cotidiana, es que allí -al menos en esos años-, existía mucha vida de barrio. La gente se conocía y compartía mucho, había un pequeño centro del pueblo donde en sólo un par de calles se ubicaba el comercio, y la gente que vivía cerca salía a divertirse en grupo, entre vecinos. Y como las personas se conocían, les era muy fácil en caso necesario, organizarse con fuerza para hacer frente al poder del político o de la autoridad. Hoy dice que le encantaría ver que en Chile la gente se relacionara de esa manera,, porque aunque si cree en que en Ñuñoa, por ejemplo, existe la vida de barrio, no hay una verdadera unión solidaria entre vecinos y pares.

Don Hugo estaba muy bien viviendo a las afueras de Chicago, le gustaba la vida de barrio que allí se daba, tenía su esposa, sus hijos, así que no tenía intenciones de regresar a Chile. Pero en 1959 le llegó una carta en la que le decían que su madre estaba muy enferma, así que rápidamente tuvo que regresar a Chile.

Se vino a Chile con su esposa gringa y sus hijos chicos, sobre todo porque al principio pensó que no estaría por mucho tiempo. Con su madre enferma, tuvo que hacerse cargo de la farmacia. Exactamente el 22 de julio del ’59, En poco tiempo le fue tomando mucho cariño al trabajo, pensó que sería bueno estar cerca de su madre hasta que estuviera perfectamente recuperada, y así, se quedó.

Lamentablemente estando en el país falleció su hija más pequeña cuando tenía 11 meses y toda esa situación dramática, le significó el divorcio. Así que su ahora ex esposa y sus hijos se devolvieron a Estados Unidos y Don Hugo se quedó en Chile. Solo, con su madre y la farmacia. Hoy sus hijos son adultos y profesionales, y asegura que pese a lo difícil que fue su separación, hoy mantiene una buena relación con su ex mujer.

Pese a todo nunca se arrepintió de no regresar a Estados Unidos y quedarse finalmente en Chile. Porque supo hacerse su lugar y porque algunos años después, en 1961, se volvió a casar. Con su nueva esposa tuvo dos hijas y hasta el día de hoy comparte su vida con ella. Ella, más su farmacia y su barrio, son sus grandes amores hasta el día de hoy, asegura.

La madre de Don Hugo se recuperó de su enfermedad, y siguió trabajando codo a codo con su hijo, aunque ahora era él quien llevaba las riendas. Y trabajó en la farmacia Babel hasta la misma mañana de su muerte, el 24 de diciembre de 1973. “Ella murió aquí en la farmacia, cuando estaba abriéndola por la mañana. Le vino un derrame cerebral. Pero tuvo la suerte de no quedar inconsciente de inmediato y que el caer al suelo, el teléfono se cayó con ella, así que pudo llamarnos y avisarnos lo que había pasado. Pero ya no había nada que hacer, a las 8 de la noche murió. Es simbólico, pero yo nací en una farmacia y mi madre murió en una”, narra Don Hugo.

La misa de funeral fue el día 25 de diciembre en la Iglesia Santa Gemita y según rememora el señor Berríos, ese día los acompañó muchísima gente que quería mucho a su madre, personas a las que alguna vez habían recibido su ayuda. Aunque parezca increíble, Dun Hugo jura que había una multitud que se salía desde la Iglesia hasta la calle Sucre.

“Hasta el día de hoy, muchas personas tienen gran cariño por esta farmacia. La gente lo agradece, porque uno no duda cuando la gente consulta por un remedio o cuando le preguntan a uno qué puede recomendar para algún malestar. Yo aquí trato de ayudar a la gente, escucharla, venderles lo que necesitan Entonces por eso hay una gran lealtad hacia nosotros, por eso la clientela viene año tras año, década tras década y nos prefieren ante las cadenas farmacéuticas porque aquí el trato es mucho más cercano y humano”.

Con hondo buen humor, Don Hugo admite que para él tener una farmacia en el barrio es lo más entretenido que hay, porque en tantos años de trabajo, le han ocurrido mil anécdotas, algunas muy bonitas, otras un poco raras, todo depende de la personalidad de la gente con la que le toque tratar.

Además, asegura Muchos personajes famosos circularon por la farmacia Babel; por ejemplo, Don Gabriel González Videla, que cuando era ex presidente de Chile vivía en el barrio e iba seguido a conversar con Don Hugo; lo mismo Don Juan Gómez Millas, famoso rector de la Universidad de Chile, que sin preguntarle siquiera entraba a ocupar el baño; también Don Pedro Buskovic, ex ministro de Allende, que le compraba desodorante Atkinson, y que cuando volvió del exilio lo fue especialmente a saludar.

Son muchas historias y recuerdos, porque son muchos años atendiendo al público. En cualquier caso para Don Hugo Berríos es esa misma gente del barrio que va a comprarle a su farmacia, la que lo ayuda a mantenerse joven, porque el sólo hecho de conversar y compartir con personas, lo vitaliza y estimula. Con cada persona que entra se queda un buen rato conversando, aunque no se conozcan de antes. Y si por un rato no entra gente, no piensa en aburrirse, ordena, hace stock de productos y pone un disco de Frank Sinatra o de cualquier otro de los grandes de la música estadounidense de los ’50.


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Boliche

Farmacia Babel

Nombre local

Simón Bolívar 3751-A, Ñuñoa

Dirección

Hugo Berríos

Dueño

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