Carnicería Rodríguez

Fotografías: María José Guallar K.

Durante el desarrollo de este proyecto, algunas de las tiendas que se catastraron ya no existen. Como un homenaje a sus dueños, exponemos aquí la crónica completa que se elaboró el año 2010.  La Carnicería Rodríguez cerró sus puertas en julio de 2012. En ese local hoy hay una sucursal de Pizza Pizza.

Don Manuel Rodríguez es hijo de carnicero, nació con nombre de guerrillero, pero tenía pinta de futbolista. Siendo joven, su pasión por la pelota y los goles era absoluta. Y como las habilidades lo acompañaban, era invitado fijo a jugar en infinidad de clubes de barrio del centro de Santiago, y pudo probar suerte en el mundo profesional, en Audax Italiano y el Club Iberia. Pero como la sangre tira y tampoco quería ser empleado de nadie, a los 17 años prefirió dedicarse al oficio de su padre, y dejar el deporte para el tiempo libre.
Recién hace tres años colgó los botines del fútbol amateur, pero hasta el día de hoy sigue tras el mostrador de la carnicería bautizada con el apellido de su padre y el suyo, Rodríguez, donde don Manuel lleva casi seis décadas ofreciendo carne de calidad, escogida por él mismo en el matadero, y haciendo preparaciones caseras como prietas y arrollado, cuyo sabor no tiene nada que ver con la receta industrial.
Su padre le heredó todos sus conocimientos del oficio y tuvo que ponerlos en marcha desde siempre. Siendo muy chico tenía que ayudar en el negocio familiar, y desde antes del amanecer se instalaba en el patio de su casa con un saco de huesos para cortarlos con serrucho arriba de un tronco, en tiempos en que aún no había suficientes máquinas que facilitaran el trabajo.
Don Manuel se ha ganado el título de hijo ilustre del Barrio Yungay, porque además de ser muy entusiasta con las actividades que allí se realizan, es parte del inventario de esta zona típica. Nació en 1934, en una casa ubicada en la calle Maipú con Erasmo Escala, donde además su padre tenía su propia carnicería, que luego trasladaron al lugar donde se encuentra actualmente, en la esquina de Huérfanos con Cumming, un sector donde antes todo eran casas, y en el que hoy abundan negocios y restoranes.
Hasta allí llega a a comprar principalmente la clientela fiel que Rodríguez ha atendido por años, gente del barrio, vecinos, o personas que alguna lo fueron y que pese a haberse ido a vivir más lejos, vuelven atraídas por la tradición y la calidad de lo que compran. Pero con todos, con clientes fijos, ocasionales o vecinos, don Manuel conversa y trata de mantener una relación cercana; a muchos de ellos ya los ve como amigos. Saluda a las clientas para el día de la madre, de la secretaria; a sus hijos para el día del niño. Y les ofrece una atención o un regalito. Es que es un convencido de que los detalles especiales hacen la diferencia.
Hoy trabaja solo. Hasta el año ’90 trabajó con tres personas más, una de ellas, ocupada sólo de la caja. Como ahora vende menos, ya no tiene empleados. Hace unos 4 años se instaló un supermercado Santa Isabel a una cuadra de la carnicería y eso fue el detonante para que la venta bajara más de lo que ya lo venía haciendo en años anteriores. Con todo, don Manuel sigue adelante, sin bajar la calidad de los productos que ofrece y sin perder la calidez de su carácter. No por nada la gente del barrio lo estima y ha logrado mantener a letras generaciones de la misma familia de clientes: las niñas o guaguas que acompañaban a comprar a sus madres, hoy van con sus propios hijos.
La carnicería Rodríguez es famosa. Tiene un estilo tan tradicional, que ha sido locación de películas y comerciales. Don Manuel nunca pensó modificar su local; se siente orgulloso de su carnicería al estilo antiguo, pequeña, con congeladores metálicos, y un particular estilo, lleno de afiches, muchos de su ídolo Carlos Gardel, adornos sobre las máquinas y mostradores, figuras de vaquitas y chanchos, que son la fascinación de los niños que les toca ir acompañando en las compras. Y por cierto que don Manuel también es un personaje célebre; es reconocido como todo un personaje del Barrio Brasil-Yungay, le han hecho un montón de entrevistas y unos estudiantes realizaron un documental sobre él. En estos tiempos, llama la atención alguien que se dedique por tantos años a cultivar un mismo oficio y se asiente en un lugar hasta llegar a formar parte de el, a volverse parte del paisaje.
La vida del comercio hoy es muy distinta de la de antes, asegura don Manuel desde la experiencia propia: “La llegada de los supermercados cambió todo. Antes sólo habían almacenes, bolichitos…., a lo más, minimarkets. Los supermercados venden de todo, hasta ropa! Una persona va a comprar una cosa y sale con diez. Si la gente ahora quiere puro comprar…., y son lugares tan grandes, con tanta gente, entonces es otra cosa, nadie se conoce con nadie, no se saluda a nadie…. Eso es bien triste”.
La carnicería Rodríguez hoy no vende mucho, pero da para vivir, lo que don Manuel complementa con una pequeña jubilación y una renta que recibe por un local chiquito contiguo al suyo. No tiene enormes gastos, como pagar arriendo por el local o mantener hijos, así que de vez en cuando se da un gusto comprándose discos de música, de tango.
Es que el tango es un capítulo importantísimo en la vida de don Manuel Rodríguez. Es un fanático, así que los días en la carnicería siempre se amenizan con la música de los tangos clásicos, y no es extraño que la música se escuche fuerte, hasta la calle. Y don Manuel no se limita a darse el gusto escuchando, sino que también lo baila, por lo que es una práctica cotidiana bailarse unos tangos con las clientas, o con alguna persona que va pasando por la calle y cae en la tentación. Se han dado ocasiones en que se han juntado varias parejas bailando, siguiendo el ejemplo de don Manuel, convirtiendo la esquina de Huérfanos con Cumming en una verdadera tanguería improvisada.
Siempre soñó con viajar a Argentina para conocer la cuna del tango y las tierras de Gardel. Y sin pensarlo nunca, hace poco una de sus hijas se ganó en un concurso dos pasajes a Buenos Aires y se los regaló para que fuera con su señora. Pero como una cosa son los sueños y otra la realidad, aún no se decide a ir; nunca ha viajado en avión y le miedo la altura. Todo el mundo le dice que se atreva, pero todavía lo está pensando. Además, como ahora trabaja solo, hace 5 años que no cierra la carnicería para tomarse vacaciones, pese a que abre todos los días de la semana, a excepción del domingo, cuando sólo atiende medio día.
A veces le dan ganas de vender su carnicería, para así descansar y poder viajar a conocer a sus nietos. Es que la mitad de su familia está media desperdigada fuera de Chile. Don Manuel se casó muy joven, duró 30 años y de esa relación nacieron tres hijos que viven en Estados Unidos. Tiene la teoría de que el 70% de los matrimonios fracasan por culpa del hombre, que no se preocupa lo suficiente de la casa y la familia, y su caso no fue la excepción. Hoy está casado por segunda vez desde hace 34 años y tiene dos hijas, ambas son secretarias, y viven con él.
Trata de tener una relación afable con todos, con su ex mujer, con los hijos que están lejos, y con su familia actual. Es que para él, la amistad y el amor de la familia es lo más importante, mucho más que la plata. Por eso se siente orgulloso de haber sacado adelante a su familia con todos sus años de trabajo.
Y aunque a veces le dan ganas de cerrar su negocio, descansar y dedicarse exclusivamente a los suyos, no piensa parar por ahora. Es que le tiene mucho cariño a lo que hace y trabajar le da energía para vivir activamente. Por eso sigue levantándose cada día a las 6 de la mañana, yendo personalmente al matadero y esforzándose porque su carnicería siga en pie.
Don Manuel piensa que si vende su carnicería, no dejaría de trabajar. Por nada se quedaría en su casa, se aburriría muchísimo y encargarse de las cosas de la casa no constituye alternativa para él. Le han ofrecido trabajar de supervisor en una cadena de carnicerías, y eso lo seduce mucho, porque cree que con lo que sabe de carnes y la experiencia que posee, podría ser un aporte a las nuevas generaciones de carniceros, enseñarles lo que él aprendió de su padre y así, contribuir a que el oficio de carnicero a la antigua, no se pierda.


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Boliche

Carnicería Rodríguez

Nombre local

Huérfanos 2298, hoy es un local de Pizza Pizza

Dirección

Manuel Rodríguez

Dueño

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