Comercio Barrial

COMERCIO BARRIAL
Por qué rescatar y dar valor a las tiendas tradicionales de barrio.

Actualmente el comercio de barrio antiguo, almacenes, carnicerías, farmacias, bazares, zapaterías, ferreterías, etc, de entre 20 y más de 80 años, atendido en su mayoría por sus propios dueños, está desapareciendo junto con su particular sello. Desde hace varios años, están cerrando no por una decisión personal, sino básicamente la complejidad de competir con cadenas de supermercados y grandes tiendas, y por la renovación urbana está haciendo desaparecer muchos barrios antiguos de la ciudad para construir edificios de altura, oficinas, centros comerciales, etc.

El comercio de barrio juega un rol fundamental no sólo por su contribución al paisaje cultural de los territorios urbanos, sino por cómo fortalece las relaciones sociales de los vecinos y habitantes de un espacio común, con quienes se establecen relaciones cercanas, de confianza y complicidad. Poseen reconocibles características, una escala pequeña, estética sencilla, generalmente una oferta de productos de primera necesidad, son atendidos por sus dueños o por un familiar cercano, con quienes es posible establecer una relación de cercanía o confianza, sustentada en cotidianos diálogos que abrigan los vínculos humanos o vecinales.

En estas pequeñas y antiguas tiendas, se ofrecen determinados productos al mismo que tiempo que -sin planificación previa- se fortalece el proceso de creación y fortalecimiento de la identidad urbana de los barrios, activación del sentido de pertenencia  de las diversas comunidades y construcción de comunidad. Son reconocidos por los vecinos como lugares valiosos, como enclaves característicos de los barrios, donde se conectan las redes sociales que circulan por el territorio, y se da espacio para la socialización, el intercambio y la conversación (incluso no verbal), generándose vínculos entre personas que  trascienden generaciones. Son finalmente, lugares donde confluye economía, comunidad e identidad.

Muchos de dueños y tenderos son mayores, no tienen a quien “heredar” su oficio, y ya no tienen salud o fuerza para continuar. Por eso es notable que muchos comerciantes voluntariamente se mantengan desde hace décadas pese a la competencia gigantesca que significan los supermercados, grandes tiendas y el retail. Es relevante porque habla de una manera de trabajar y de vivir un oficio que responde a una lógica muy diferente a la actual. Es plausible porque se trata de personas, muchas de ellas de la tercera edad, que están activamente trabajando porque lo necesitan, pero porque también necesitan sentirse útiles y parte de algo. Y su rol y el de las tiendas que forman parte de un barrio es importante porque  genera vínculos sociales, identidad local, y donde la relación entre comprador/vecino y los dueños de los negocios pueden ser cercanas, solidarias, incluso amistosas, en oposición a la fría distancia que inevitablemente, se tiene con el dependiente de un supermercado o de una gran tienda, donde los ciudadanos son meros compradores anónimos, en donde no existen relaciones interpersonales y a nadie le importa que así ocurra. El tipo de relaciones, de confianza, de cercanía o familiaridad, incluso, se construyen espontáneamente, con el tiempo y la proximidad.

Es muy improbable que las pequeñas tiendas desaparezcan por completo, pero los comerciantes tradicionales que se alejan de los códigos del libremercadismo actual, si parecen peligrar, lo que es lamentable por el hecho de que la forma de ejercer su oficio –a simple vista algo muy abstracto-, constituye un aporte a la identidad y vida de los barrios, los cuales actualmente están perdiendo sus características distintivas y se encuentran en constante transformación debido a la “vida moderna” traducida más bien en especulación inmobiliaria.

El motor de esta guía virtual sobre comercios tradicionales de barrios de  Santiago, Boliches con Historia va más allá de la nostalgia y de un sentimiento pasatista orientado a que se detenga el tiempo. No. Tiene que ver con que para tener presente y construir futuro, necesitamos tener memoria, conocer cuál es nuestra identidad, nuestra esencia, identificar lo que nos caracteriza o nos asocia a un lugar. Y los boliches de un barrio son un elemento que se relaciona con ello, con la memoria, la identidad de un lugar y las personas que allí conviven. Y por eso merecería ser defendido, no permitir que se eliminen como si nada. O al menos, motivarnos a hablar y debatir más sobre cómo estamos habitando y construyendo nuestras ciudades.